El “solo” de Los Pinos

El gobierno de Enrique Peña Nieto se acabó el pasado primero de julio con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador.

Como nunca en las historias de las transiciones del poder político en México, vemos a un Presidente saliente abandonar su liderazgo, su estilo, sus valores y su legado.

El gobierno de Enrique Peña Nieto se acabó el pasado primero de julio con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador.

Como nunca en las historias de las transiciones del poder político en México, vemos a un Presidente saliente abandonar su liderazgo, su estilo, sus valores y su legado.

A Peña Nieto le urge irse y en ese afán acepta todas las peticiones que su sucesor le haga.

Después de reunirse por segunda vez, Peña Nieto enviará al nuevo Congreso, al de Morena -que seguramente no lo investigará por todas las acusaciones de corrupción-, las iniciativas de López Obrador para que comience su gobierno con el andamiaje administrativo completo, entre los que se encuentran, la futura Secretaría de Seguridad Pública federal y todos los fiscales pendientes de nombrar.

Ante estos hechos, es urgente solicitar cambios radicales en nuestro sistema político. No es posible que el Presidente electo tome posesión cinco meses después de ganar la elección. Sabemos bien que ese lapso se impuso en la época priista para “arreglar la salida y la entrada” pero qué pasa cuando el triunfo es como el logrado por Andrés Manuel López Obrador.

En México tenemos que cambiar muchas cosas, el régimen de partidos, al INE y el Tribunal electoral para que sean verdaderamente ciudadanos y ahora, el lapso de la transición.

Peña se ha desdibujado por completo, le conviene que AMLO tenga todos los reflectores, pero ¿tendrá que responder por todas las acusaciones que le señalan o se podrá ir cobijado por un acuerdo de terciopelo con López Obrador?

El sistema político se vuelve a comprobar, sirve para cuidar a los políticos.