#DeporteYVida El deporte, ¿un arma o un sueño patriota?

Por Karla Perezgil del Valle

En estos días independentistas ondean banderas mexicanas a lo largo y ancho del país, y los últimos acontecimientos políticos y sociales han condimentado el ambiente patriota con sabores amargos.

Desde el inicio de las pasadas campañas electorales, las conversaciones y especialmente las redes sociales, han estado inundadas de crítica a las expresiones de apoyo a diferentes partidos políticos; a las diferentes propuestas de combatir la inseguridad, la violencia y distintos enfrentamientos que sufrimos como mexicanos. El intercambio de opiniones es mayormente agitado, pero lo que impera es la necesidad de unión como país.

Por su importancia, suelo ser repetitiva al afirmar que el deporte promueve la participación, la inclusión y la ciudadanía; une a los individuos y a las comunidades, difuminando las barreras culturales y étnicas. Es un lenguaje global, y en ese entendimiento, logra entretejer culturas e ideologías. En consecuencia, el deporte puede ser una poderosa herramienta para promover la paz, tanto simbólicamente a nivel mundial como de forma muy práctica en las comunidades.

Por otro lado, la práctica deportiva además de ser vital para el pleno desarrollo, ofrece oportunidades para el juego y la expresión personal; ofrece alternativas ante la tentación de caer en hábitos tóxicos, como el abuso de drogas o el involucrarse en actividades delictivas.

A su vez, como afirma la UNESCO, los programas deportivos promueven la integración social y fomentan la tolerancia. Estos valores básicos son los mismos que los necesarios para una paz duradera.

El deporte tiene un poder de convocatoria sin igual. Reúne masas que cruzan fronteras e incluso océanos para su encuentro.

La lista de beneficios podría ser inmensa, y en la actualidad pareciera que incluso muchas empresas se han dado cuenta de ello, por lo que han establecido torneos deportivos internos con el fin de promover la activación física de sus colaboradores, pero sobre todo para integrar a las diferentes áreas que las conforman y generar un ambiente laboral saludable, cordial… y al parecer a la mayoría les ha funcionado.

Avanzando en este escrito, brota en mi la esperanza de que existiera en nuestro país un torneo de futbol en donde participaran partidos políticos o incluso cárteles delictivos en conflicto. ¿Surgiría el orgullo mexicano en aquellos con poder, la unión y por tanto la búsqueda del bien común?

Hay casos que en algún momento parecían sueños tan guajiros como el mío. Tengo presentes dos importantes:

  • Uno muy reciente; cuando el estadio de Pyeongchang vivió un momento histórico durante la inauguración de los pasados Juegos Olímpicos de Invierno. Los atletas de Corea del Norte y Corea del Sur, dos países divididos desde 1945, desfilaron juntos bajo una misma bandera por primera vez en 12 años en el estadio en el que se celebró la fiesta deportiva.
  • Lee Hee-beom, Presidente del comité organizador dijo en su discurso: “Pyeongchang 2018 demuestra los juegos de la cultura, pero sobre todo unos juegos de paz. Hace apenas un momento el mundo entero ha sido testigo de una marcha histórica con la bandera unificada de la península de Corea. El deporte tiene un gran poder para unir las personas trascendiendo a los conflictos.”

Otro ejemplo que me parece especialmente poderoso y conmovedor:

  • Nelson Mandela llevaba solo un año como presidente de Sudáfrica después de haber pasado 27 encerrado en la isla Robben, y lograr la unificación no era una tarea fácil. Dicho país apenas salía del apartheid y por ello la prioridad número uno de Mandela como presidente fue la reconciliación para sembrar las bases de la Sudáfrica del futuro. Como nos cuenta el Diario Semana en el 2013, el arma que escogió fue la que parecía más improbable de todas: el Rugby. “Ese juego de villanos jugado por caballeros, donde 15 jugadores se enfrentan, cuerpo a cuerpo, como en un campo de batalla, peleando cada metro para llevar un balón oval hasta la zona de anotación. “
  • El día de la final de la Copa del Mundo, que se jugó entre Sudáfrica y Nueva Zelanda, los 39 millones de sudafricanos, blancos, negros, mestizos e indios se unieron. Quedaron de lado los miedos, los odios, las ganas de revancha. Lo único que importaba era la victoria como país. Un verdadero milagro, con el que, aunque fuera solo por un corto primer momento, Madiba -como se le llama cariñosamente- logró mostrarle a todo su país, que podían ser una nación de todos los colores.

Sobra decir que al deporte en nuestro país le urgen políticas públicas que sean menos para los políticos, y más para el público.

Finalmente, volviendo al sentimiento patriota ¿será que el beisbol podría ser el arma secreta y poderosa de nuestro presidente electo para lograr la república amorosa prometida? Al estilo Chicharito, ¡soñemos cosas ch…!

¡Qué viva el deporte! ¡Qué viva México!

@kperezgil